Visualmente la película está muy bien. Algunas escenas parecen copiadas de El Señor de los Anillos.
El niño protagonista se mueve que da gusto verlo, parece un experto en artes marciales.
Sin embargo su montura parece un peluche absurdo, nada creíble.
La historia es bastante simplona, infantil, incluso le falta gancho de tan predecible.
Pero lo triste, más viniendo de un director como Shyamalan y esos renombrados productores, son los fallos entre lo que se dice y lo que sucede. Hay varios y muy evidentes. Quizás es por condensar demasiado la historia, aunque deberían saber lidiar con eso.
Como es la moda, se ven venir otras dos películas para completar trilogía. O más.